Tú, mi bello recuerdo.
Es hermoso el primer amor.
Todo es perfecto en la persona en la persona que uno se fija, pero muchas veces con tal de seguir con esas personas perdemos la noción de la realidad, incluso, de nuestra persona.
Negamos lo defectos, no reconocemos si lo que hacemos es normal o esta bien, seguimos el impulso de nuestros sentimientos con tal de estar ahí para esa persona, sin ponernos a reflexionar si esa persona lo toma en cuenta. O que el hecho de que sean de mundos diferentes afecte más de lo que uno se imagina, porque las personas que los rodean ponen las peores trabas, que ocasionan, que al final, las dos partes que se amaban se digan "Adiós", con el resentimiento de que ninguno pudo hacer algo para evitar lo que los estaba separando para siempre.
Yo, había entrado a la media superior. me llenaba de alegría el saber que iniciaba una nueva etapa de mi vida, ya había dejado de ser una niña, deseaba comerme al mundo y conocer todo lo que me deparaba para seguir creciendo y vivir nuevas aventuras con gente nueva que marcaría a la fecha mi vida.
Habían pasado dos meses desde que inicie clases, me gustaba mi escuela porque me quedaba cerca de mi casa, podía salir a la hora de que iniciaba la clase y llegaba en la tolerancia de los 10 minutos, eso era vida y comodidad total. La maestra de literatura nos había dejado un trabajo en equipo el cual se entregaba el miércoles de esa semana, por ende, decidimos quedarnos mis compañeros y yo para iniciar el proyecto y terminarlo a tiempo.
En efecto, concluimos clases y nos dirigimos a la cafetería para comer algo antes de iniciar el proyecto en la biblioteca. Teníamos en cuenta que debíamos de apurarnos porque iniciaban clases los alumnos del turno vespertino y podían ganarnos los lugares los alumnos que no entran, ya sea por flojera, porque llegaron tarde o simplemente para terminar la tarea de la clase siguiente y no perder su calificación.
Yo no tenía hambre, así que tomé la iniciativa de ir apartar mesa en la biblioteca para poder trabajar. Ya estaba notando que los chicos de la tarde estaban llegando, se veían que armaban buena fiesta puesto que todos al llegar estaban riéndose, se hacían más bromas; se confirmaba la teoría que el turno vespertino es un relajo.
Al llegar a la biblioteca, noté que había alcanzo a llegar a tiempo para apartar lugar. Me dirigí a una mesa que se encontraba en el centro detrás de las escaleras que daban hacia el auditorio. En lo que estaba acomodando mis cosas para espera a mis compañeros, llegó una de mis amigas, Cinthya; se había quedado de ver con sus amigos de la tarde. En eso, llegó uno de sus amigos de la secundaria, al escuchar su voz no pude evitar voltear y verlo. Fue un click total. Me ruborice al cruzar miradas con él. Su amigo le preguntó a Cinthya si nos iba a presentar y ella sacada de onda me dijo su nombre y a él le dio el mío. No paraba de sonrojarme.
Mi amiga tuvo que salir y me dejó con él. Su nombre era Alan. Se acercó a mi a querer hacer la plática en lo que ella regresaba. Yo no tartamudeaba poco al emitir palabra, me sentía muy nerviosa. Se me hacia un chico muy guapo, alto, ojos verdes, pero su sonrisa era lo que más me embobaba. Cinthya regresó y nos notó ya muy familiarizados y disfrutando de la compañía de ambos. Se despidió de mi porque ya se iban a ir, pero me pidió mi número el cual se lo di sin dudar. Así fue, se lo di con la vaga esperanza de que me mandara un mensaje o me llamara, pero en el fondo de mi también tenía la idea de que nada iba a suceder y que probablemente ni siquiera hubiera guardado mi número.
Pasó la semana, no coincidí con Cinthya y no había señal alguna del presunto amigo que me llamaba la atención. No dejaba de pensar en él, suspiraba, fantaseaba con el encuentro y me atrevía imaginar que más hubiera pasado si mi amiga se lograba retrasar en llegar por él. El viernes en la tarde, sonó mi celular, era un mensaje; no pasaba por mi cabeza que fuera Alan. Agarre mi cel, me dispuse abrir el mensaje y vaya sorpresa que me llevé. Era él, en verdad que era él. El mensaje decía que esperaba que estuviera muy bien y que le gustaría verme otra vez; mi corazón latió demasiado fuerte y me puse roja como un tomate, no sabía que decir, si responder luego luego o no, hacerme del rogar, contestarle indiferente o con la emoción que sentía en ese momento.
Respondí con un mensaje no muy intenso, aceptando la invitación a volvernos encontrar. Nos pusimos de acuerdo, fijamos la hora, platicamos del esperado día. Llegó el día, me dispuse a esperarlo en la entrada como habíamos quedado, pero él no llegó. Le marcaba y no contestaba, quise llorar pero me aguante y seguí la esperanza de que llegaría pero no fue así y me regrese a mi clase. Más tarde, me mandó un mensaje pidiendo disculpas por no llegar y me volvió a prometer que al día siguiente el llegaría. Llegó el martes, pero ocurrió lo mismo, no llegó y ahora ni un mensaje. Me resigné y no le mande nada, sentía que se había burlado de mi, sólo pasaba por mi mente que si en verdad no quería verme me lo dijera, que no había problema, pero que no jugara así conmigo.
Al día siguiente, durante las clases, me llegó un mensaje, lo abrí y decía: "Ya llegue" y en ese momento me di cuenta que la mejor historia de amor se estaba a punto de comenzar.
Mi amiga tuvo que salir y me dejó con él. Su nombre era Alan. Se acercó a mi a querer hacer la plática en lo que ella regresaba. Yo no tartamudeaba poco al emitir palabra, me sentía muy nerviosa. Se me hacia un chico muy guapo, alto, ojos verdes, pero su sonrisa era lo que más me embobaba. Cinthya regresó y nos notó ya muy familiarizados y disfrutando de la compañía de ambos. Se despidió de mi porque ya se iban a ir, pero me pidió mi número el cual se lo di sin dudar. Así fue, se lo di con la vaga esperanza de que me mandara un mensaje o me llamara, pero en el fondo de mi también tenía la idea de que nada iba a suceder y que probablemente ni siquiera hubiera guardado mi número.
Pasó la semana, no coincidí con Cinthya y no había señal alguna del presunto amigo que me llamaba la atención. No dejaba de pensar en él, suspiraba, fantaseaba con el encuentro y me atrevía imaginar que más hubiera pasado si mi amiga se lograba retrasar en llegar por él. El viernes en la tarde, sonó mi celular, era un mensaje; no pasaba por mi cabeza que fuera Alan. Agarre mi cel, me dispuse abrir el mensaje y vaya sorpresa que me llevé. Era él, en verdad que era él. El mensaje decía que esperaba que estuviera muy bien y que le gustaría verme otra vez; mi corazón latió demasiado fuerte y me puse roja como un tomate, no sabía que decir, si responder luego luego o no, hacerme del rogar, contestarle indiferente o con la emoción que sentía en ese momento.
Respondí con un mensaje no muy intenso, aceptando la invitación a volvernos encontrar. Nos pusimos de acuerdo, fijamos la hora, platicamos del esperado día. Llegó el día, me dispuse a esperarlo en la entrada como habíamos quedado, pero él no llegó. Le marcaba y no contestaba, quise llorar pero me aguante y seguí la esperanza de que llegaría pero no fue así y me regrese a mi clase. Más tarde, me mandó un mensaje pidiendo disculpas por no llegar y me volvió a prometer que al día siguiente el llegaría. Llegó el martes, pero ocurrió lo mismo, no llegó y ahora ni un mensaje. Me resigné y no le mande nada, sentía que se había burlado de mi, sólo pasaba por mi mente que si en verdad no quería verme me lo dijera, que no había problema, pero que no jugara así conmigo.
Al día siguiente, durante las clases, me llegó un mensaje, lo abrí y decía: "Ya llegue" y en ese momento me di cuenta que la mejor historia de amor se estaba a punto de comenzar.

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