Experiencia Religiosa
Existen amores que nacen con un sólo click al cruzar miradas.
"ESTAR ASÍ DE CERCA ERA COMO PROBAR UN PEDAZO DE CIELO" -Leif-
Esta es mi historia de amor. Una muy peculiar, ya que ahora cuento con 43 años una vida hecha y un matrimonio fallido quizás, pero con muchas lecciones aprendidas; pero volvamos a mi historia. Inicio cuando buscaba solucionar un problema peculiar por medio de métodos alternativos. Era un domingo donde compartía con mi hija. Una amiga nos había conseguido que trataran nuestras inquietudes. Ella prometía que el lugar a donde íbamos a ir en verdad nos va a resolver algunas situaciones. Sentía muchas sensaciones en mi corazón de madre al saber que contaba con alguna esperanza.
Ese día, corriendo llegué a dónde nos esperaba una amiga y camino a la cita me explicó algunas situaciones de la persona que veríamos. Al llegar nos recibió un hombre joven de aproximadamente 34 años, sonriente, jovial, atento y con un carisma inigualable. Nos fue explicando paso a paso en que consistirían las acciones que debíamos ir realizando, debo decir que en ningún momento sentí atracción por este joven, solo era un agradecimiento inusual que me daba la certeza de que todo cambiaría en mi vida y vaya que cambió.
Al siguiente día, tuvimos otra cita, pero algo fue diferente, su plática de este joven me envolvía y me hacía sentir conocerlo desde hace ya bastante tiempo; que locura, me veía yo ahí platicando emocionada con alguien 9 años más joven que yo. Esa plática fue interrumpida por haber llegado al lugar. Sentía ganas de preguntar más sobre el tema, pero por una extraña razón, no lo hice.
Mi hija entró a consulta mientras yo esperaba, de un momento a otro terminó la sesión e insistió en consultarme, yo era un remolino de sensaciones, miedo, ansiedad, ganas de saber, pero sobre todo de continuar con esa plática que había terminado tan intempestivamente. No se en que momento estaba yo ahí sentada frente a él escuchándolo, percibiéndolo y haciendo una conexión extraordinaria; que loca situación, por primera vez en mi vida. Había perdido el control, ese que me había caracterizado por mucho tiempo; que experiencia tan emocionante.
Trataba de buscar una explicación razonable de lo que estaba pasando conmigo, repetía en mi interior todas las acciones; en qué momento me descuide que permití que pudiera ver a través de mi alma, controlar cada pensamiento y sensación sin poderme zafar, porque nadie había desnudado mi alma como él, causaba que tuviera muchas sensaciones a la vez y al finalizar mi sesión volvimos al tema de mi hija.
Fue un regreso brusco, porque ya estaba viviendo otra realidad en su mirada y en sus palabras, pero debíamos regresar dos días después. En ese lapso de tiempo, sin querer ni desearlo soñaba con él ¿cómo era esto posible? Apenas y lo conocía y soñaba las situaciones sensuales y existentes que en mi vida hubiera podido imaginar; qué desconcierto yo a mi edad soñaba como una adolescente.
Transcurrieron los dos días planteados. Volvimos a verlo. Mismo procedimiento atendió a mi hija y nos sentamos a charlar. Yo le platique que había soñado con él y con una serenidad acompañada de seguridad en su voz, me dijo que era normal. Yo en mi interior me contestaba que nadie en su sano juicio soñaba tener sexo con alguien que acabas de conocer. Ese día me dio su número telefónico y yo el mío. Nos despedimos y me fui con mi hija a la casa. El regreso fue muy silencioso, mi corazón seguía latiendo.
Al día siguiente, no dejaba de ver mi teléfono, parecía adolescente esperando la llamada del chico popular. Miraba, miraba y miraba el celular; no llamaba ni un mensaje. El día fue muy largo, no recibí nada. Triste, me fui a mi cama a esperar al siguiente día. A la mañana siguiente, me dio la impresión de que algo sucedería y efectivamente, al revisar a primera hora, me sacó una sonrisa inmensa, era él. Me mandó mensaje, mi corazón me latía demasiado rápido, en su mensaje pedía verme sin mi hija. No sabía que pensar, pero no lo pensé ni dos veces para salir corriendo a su encuentro.
Nuestra cita fue en un café, él estaba sentado en una mesa que daba a la ventana. Al notar mi llegada, sonrió y me dijo que tomara asiento, me preguntó si no quería tomar algo, sólo negué con la cabeza. No sabía que decir, me sentía cómo si estuviera en mi primera cita. No supe con qué empezar, qué decir. Me miró de manera penetrante, y con una voz traviesa me preguntó el motivo de mi silencio, me sonrojé y no supe que contestar.
Él rompió el hielo con sus bromas y comentarios, logró que soltara un pequeña risa. No quería que el momento terminara. El tiempo pasó muy rápido y cada quien se fue a sus respectivo hogar. Al llegar, mi esposo me estaba esperando con mis hijos para ir a comer, aunque algo consternado me preguntó en dónde había estado toda la mañana; nunca le había mentido y sería la primera vez que lo iba hacer. Me creyó pero no dejaba de pensar en aquel corto momento que pasé en la mañana, quería repetirlo y estaba segura que las excusas iban a aumentar, pero lo iba a valer todo por seguir teniendo esa experiencia celestial que estaba comenzando a vivir con aquel misterioso y religioso personaje.
Nuestra cita fue en un café, él estaba sentado en una mesa que daba a la ventana. Al notar mi llegada, sonrió y me dijo que tomara asiento, me preguntó si no quería tomar algo, sólo negué con la cabeza. No sabía que decir, me sentía cómo si estuviera en mi primera cita. No supe con qué empezar, qué decir. Me miró de manera penetrante, y con una voz traviesa me preguntó el motivo de mi silencio, me sonrojé y no supe que contestar.
Él rompió el hielo con sus bromas y comentarios, logró que soltara un pequeña risa. No quería que el momento terminara. El tiempo pasó muy rápido y cada quien se fue a sus respectivo hogar. Al llegar, mi esposo me estaba esperando con mis hijos para ir a comer, aunque algo consternado me preguntó en dónde había estado toda la mañana; nunca le había mentido y sería la primera vez que lo iba hacer. Me creyó pero no dejaba de pensar en aquel corto momento que pasé en la mañana, quería repetirlo y estaba segura que las excusas iban a aumentar, pero lo iba a valer todo por seguir teniendo esa experiencia celestial que estaba comenzando a vivir con aquel misterioso y religioso personaje.


Comentarios
Publicar un comentario
Quiero conocer tu historia