Un disfraz

No cambiaría las noches a tu lado.

"Yo creo que perder algo muy cercano, equivale a perder una gran parte de uno mismo"

Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre; meses que marcan un momento incandescente. Meses esperados por todos, tanto grandes como chicos. Meses que desbordan emociones, buenas y malas, en algún punto de la euforia de sus festividades pueden hasta sacar lo malo y bueno y lo peor de uno; pero esto es una historia, no un análisis del comportamiento de la sociedad.
Nuestra historia se basa en una noche previa a Halloween, todas las personas preparan sus disfraces, ya sea con sus amigos o incluso con su pareja; pero qué pasa con los solteros como yo, los que preparamos el disfraz para relucir nosotros mismos. Los que por equis razón no tenemos con quien hacernos de complicidad para coordinar un disfraz.

En fin, no importaba el año que fuera, siempre la recordaba y deseaba estar con ella para compartir esas festividades, pero no iba a ser posible, ya no más, aunque mi corazón latiera al mil por hora con solo recordarla. Ella estaba fuera de mi alcance y no podía imaginarse lo que sentía y lo mucho que la anhelaba, pero ya no más. Todo será igual, como todo los años, como este.
Pero al mismo tiempo no la necesitaba, no tenía ella porque estar aquí; me engañaba a mi mismo con cada uno de esos pensamientos, engañaba a mi corazón poniendo por delante el poder de la razón, de lo que es ser coherente y no dejarse llevar por emociones sin sentido, sin dirección y sin utilidad alguna.
Se acercaba la hora de aquella fiesta de disfraces a la que mis amigos me habían convencido de asistir para olvidar aquel amorío, prometían que no me arrepentiría y que lo más probable es que conocieras a más chicas; típicas contestaciones de amigos que te quieren hacer sentir bien cuando haces de tripas corazón para fingir que no es relevante lo que estaba sintiendo.
Después de  la mañana en donde me harían la cordial invitación a la fiesta, me decidí ir al centro comercial a ver que vendían para tan épica fiesta, era extraño, buscaba resaltar mi galanura, pareciera que quería impresionar a los demás, resaltar, brillar, sólo con el disfraz apropiado, y, lo encontré.
Me dirige a la caja para pagar aquel disfraz de pirata -ya se, me vi muy original, pero no encontré algo más aterrador - Compré las pinturas para la cara, el latex para las cicatrices y si falta alguna, mi parche. Ya tenía todos los aditamentos para mi disfraz. Esa tarde iba a experimentar lo que sienten las mujeres al pintarse de manera perfecta sin que se arruine el maquillaje, sólo que con la diferencia de que soy hombre y que iba a ser la primera vez que me atrevía a maquillarme para complementar el disfraz.
En fin, llegué a mi casa, puse las bolsas en mi casa y me decidí por meterme a bañar para arreglarme. Salí de ducharme, saque el disfraz, noté que me quedaba a la perfección y empecé a maquillarme, me hice una cicatriz en el otro ojo y en el otro solo me puse sangre artificial para darle un plus a mi parche.
Estaba ya listo, pero aun su recuerdo estaba latente, no se cómo iba a reaccionar cuando alguna chica me hablara; que bobo, todavía ni llego a la fiesta y ya hasta planes hago. En fin, llegué a la fiesta, estacione mi coche y me dirige a la puerta dispuesto a tocar el timbre, si es que mi amigo lo llegaba a escuchar, lo cual no creía por la música que sonaba a varias cuadras y me ayudaron a dar con el lugar.
Mi amigo me abrió la puerta y se sorprendió demasiado de verme ahí en su puerta, en la fiesta, disfrazado y con la actitud de olvidarme de las cosas por un muy buen rato. Me invitó a pasar y el lugar estaba lleno de gente disfrazada, había unos que si le pusieron empeño a la disfrazada, pero yo solo seguía la música y a mi amigo que me había servido algo de tomar. Me presentó a sus demás amigos y todos empezamos a platicar, uno de ellos estaba sacando sus problemas amorosos y yo solo escuchaba, no emitía comentario alguno para no sacar lo que llevaba dentro de mis pensamientos.
Mas tarde, me presentaron a una chica de nombre Alice, era guapa, de cabello largo color negro, ojos grandes, linda sonrisa, toda ella era linda, pero había algo que me hacía sentir culpable, no sabía porque; aun así, eso no me impidió seguir bailando con ella. Hicimos como un click de esos pasajeros que sabes que solo serán por esa noche.
Dieron las once de la noche y seguía llegando gente, en la última oleada de personas que iban llegando, inesperadamente ella entró ¿Qué hacia aquí? No debería de estar aquí, se suponía que no volvería a verla, pero era real, estaba ahí parada sonriéndole a todas las personas que se le acercaban, que hipócrita. Me había mentido, ella de su boca dijo que no estaría aquí.
Seguí bailando tratando de ignorarla, pero en eso, ella volteo a verme, su mirada se corrompió, al yo voltear a verle me miraba con desprecio ¿Porqué me veía así? ¿Con qué derecho se atrevía a molestarse? La ignore por que sentía en mi como el enojo iba creciendo por la mentira que ella había creado. Dejé a Alice un momento en lo que iba por otra cosa para tomar, y en eso se acercó.
Me saludó y yo la ignore, ella siguió hablando de lo que había hecho, de sus sueños, de cómo ella había vuelto y sus motivos, sin embargo, yo, seguía ignorándole, no quería saber de ella y no quería hacer una escena por reclamarle el porqué de su partido y su mentira de no volver. Me alejé de ella de manera precipitada a tal grado que choque con mi amigo, me preguntó que pasaba, que Alice le había comentado que te fuiste por algo de tomar de manera extraña, me dispuse a decirle que la había visto entrar, qué cómo se atrevía, quería saber porqué la había invitado. Mi amigo consternado, me tomo del hombro, me subió a una habitación y me dijo que ella había muerto, Lorence estaba muerta. No era posible que ella estuviera ahí.
No supe que hacer me solté en llanto, le decía que ella debía de haber vuelto, que él la perdonaba por haberse ido por cumplir los sueños de sus padres y no los de ella. No dejaba de decir que la amaba, que ella era mi todo. Lo mejor de mi vida. Pero no era así. Me fui de la fiesta sin despedirme, fui por el coche y me decidí a ir a mi casa.
Llegando a mi casa, deje mis cosas, fui a enjuagarme la cara, me quite el disfraz y me dirigí por algo para cenar. El teléfono sonaba, era Jhon, mi amigo de la fiesta, sólo dejé que el celular sonara, al termino de la llamada me reservé a enviarle un mensaje diciendo que había llegado bien a mi casa, que no me preocupara.
Entonces, me desperté y noté que ahí estaba, a lado mío, radiante, con su cabello castaño, ondulado, su tierna mirada. La vi, le sonreí, le coloque su cabello detrás de la oreja y me reserve a decirle que me ponía feliz que estaba aquí y que no quería que ella desapareciera de mi vida. Ella, algo consternada de respondió que no iría a ningún lado, que mejor me levantara, que teníamos que escoger un disfraz para los dos, porque era noche de brujas y quería otro año a mi lado.



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